lunes

La secta de venus

        Quizás lo haya enseñado mi novia, quizás alguien se lo haya enseñado a ella, quizás, yo, sin querer me preste a sus juegos. En la Antigua Grecia, en la baja Roma, en la Edad Media. Todo pudo haber empezado casi por casualidad en los márgenes del Río Sena, algunos casi se atreven a asegurar que la primera mujer que lo realizó es una Afrodita, otros afirman que no fue más que Venus. Pocos se atreven a decir que fue una bruja, pero muchos las maldicen por su obra. No queda ninguna duda que fue, es y será obra de unos seres y no de otros, pero algunos hasta se atreven a decir que no es de los virginales, sino todo lo contrario. Las instrucciones para realizarlo no existen, el procedimiento sin embargo es más que sencillo. Algunos todavía se sorprenden por el efecto que causa en los seres opuestos, otros, ya ni siquiera se inmutan. El procedimiento se puede realizar asiduamente, sin embargo, cual esencia mágica, va perdiendo su efecto a mayor uso. Algunos estiman que al principio su poder era mayor, inclusive capaz de lograr sacrificios humanos, o suicidios. El oráculo de Marseriga, en el Asia Menor, fue uno de los primeros que dejo testimoniado su poder. Luego le siguió Albert de Lasalles, aquel famoso historiador francés. Durante algún tiempo, inclusive Freud se dedicó a su estudio, testimoniando en sus pruebas que era posible realizarlo incluso por parte de los hombres, para luego desestimar toda su obra y dejarla inconclusa. Muchos hombres afirman tener ese poder también, aunque en menor medida. Otras mujeres dicen no tenerlo, pero simplemente quieren decir que no lo usan seguido. Se creyó durante mucho tiempo que ese poder era solo utilizado por seres occidentales, para luego llegar a la conclusión que también era utilizado en Oriente. Pocos se atreven a afirmar que tal poder no existe, y no hay casi nadie que no haya tenido el desagradable gusto de probar su embrujo. Se ha notado que algunos hombres suelen ser mas proclives a su efecto, lo cual es en relativo equilibrio con otros, más recios, que suelen ser menos proclives al mismo. Un amigo una vez me dijo que él nunca lo había experimentado, pero otros, muchos, que lamentablemente la propensión era demasiado grande en ellos. Se creyó también que era todo obra de las mujeres de la cultura civilizadas, para luego descubrir que había innumerables ejemplos en épocas arcaicas. Los efectos que producen son muchos, y variables. Pero aún así, se pueden resumir los aspectos generales. El sociólogo alemán Boris Demecher (1865-1914) los incluyó en su obra más famosa. Allí los enumera, diciendo que los efectos más conocidos son los de producir “angustia, depresión, y dolores de cabeza, además de ejercer autoflagelación en algunos casos, (…) y siempre se ha visto, una gran capacidad del sujeto de recordar los hechos anteriores al efecto, una y otra vez, en forma sistemática y obsesiva, hasta terminar por autoimputarse el error”. El filósofo español Andrés Sala de la Vega (1897-1968) en cambio, prefirió realizar un análisis más exhaustivo de las similitudes que presentaba este efecto, inclusive le dio un nombre de cinco letras a lo que produce en el sexo opuesto y terminó por destacar que no sólo era una capacidad de los seres humanos y de las mujeres en especial, sino que la religión, especialmente la Católica, lo había convertido en el principal sostén de sus doctrinas, emparentándola con el pecado. Quizás el trabajo original sobre el tema más importante hasta la fecha lo haya realizado el psicólogo contemporáneo italiano Blas Torquinst, que escribió varios libros acerca del fenómeno y terminó publicando, en 1971 su teoría más conflictiva, cuyo libro llamó “El poder oculto de las mujeres”. Allí, destaca que “esta virtud, o “poder” que es innato del género femenino, pierde su capacidad a mayor frecuencia de uso, produciendo un desgaste en la recepción masculina, hasta el punto en que, abusar de él, lo desensibiliza al hombre de tal manera en que deja de producir el efecto deseado.” Como efecto que produce en el sexo opuesto se ha definido con una palabra ya existente y de múltiples acepciones, hay muchos trabajos sobre la misma que no tienen nada que ver sobre el tema, distintas teorías causalistas y finalistas, en donde la palabra en cuestión tiene una importancia fundamental para el derecho. Una de las tantas acepciones de la palabra es la de poder imputar la responsabilidad a una persona por el hecho cometido, o para atribuirle un error.