domingo

συνείδησις

          Era su esclavo. No recuerdo cuando empezó con exactitud, ni de donde apareció, pero sí recuerdo que era muy pequeño cuando fui sometido por primera vez por él. Yo si apenas sabía caminar, y él comenzó a darme ordenes. Lentamente, se fue apoderando de mi vida por completo. Comenzó a decidir por mí. Que tenía que hacer, a que hora tenía que despertarme, que ropa tenía que ponerme, que tenía que comer. Es extraño como uno se va acostumbrando de a poco.
          Recuerdo la primera vez que lo percibí con claridad. Yo tendría cuatro años, se presentó y luego mi existencia cambió por completo. Con su aparición, comencé a plantearme miles de interrogantes. Luego fue conduciéndome por la vida a su antojo. Me dijo que tenía que estudiar, que look debía llevar, quienes debían ser mis amigos. Más tarde, a que restaurantes debía ir, en cuales bares debía tomar una copa. Pero lo peor sin lugar a dudas fue la adolescencia, mi despertar. Se dio el lujo de decidir, por completo, mi orientación sexual. Yo quizás hubiera preferido salir con mujeres, pero en cambio me obligó a tener relaciones con un compañero de la secundaria. Eso fue demasiado traumático y condicionó el resto de mi vida.
          Mientras tanto, el siempre estaba allí, agazapado, a la espera, observando, calculando, deleitándose. Luego, por su culpa, comencé a salir con distintos hombres, cada vez mas seguido. Se podría decir que él era el encargado de conseguírmelos. En boliches, en bares, en pubs, siempre estaba allí conmigo, diciéndome este sí, este no, usando su clásico criterio de selección harto conocido por mí. Luego me volvió promiscuo, me forzó a tener sexo con todos ellos, a realizar todo tipo de concesiones. Pronto me obligó a cobrar dinero. Me hacía parar en avenidas transitadas, los fines de semana todo el día, y los días de semana durante la noche, y allí debía estar, esperando que algún auto lujoso se interesara por mí y me llevara a su departamento. Por último, me obligó a tomar dinero que no me correspondía, me obligó a utilizar mi fuerza, me obligó a utilizar la violencia. Primero hizo que me comprara un arma. Luego, a la noche, mientras mis clientes dormían, yo me escapaba con sus propiedades no sin antes acabar con sus vidas.
          Teníamos una permanente relación de amor-odio, porque si bien es cierto que lo detestaba con toda mi alma, tampoco podía vivir sin él. Creo que de joven estuve completamente enamorado de él, hasta había planificado una larga vida juntos. Ya no. Mi manera de ser ha cambiado por completo, me he dado cuenta que por su culpa he desperdiciado los mejores años de mi vida, me he perdido de ser una persona honesta, razonable, prestigiosa y querible. En cambio me he vuelto un corrupto, manipulador, morboso y adicto. El otro día, me encontré siguiendo a un niño que no tendría más de cinco o seis años por la calle. Pude pararlo a tiempo, por poco me obliga a cometer algo de lo que seguro me hubiera arrepentido por el resto de mi vida.
          Para hoy a la noche me consiguió un niño, jovencito, de no más de diez o doce años, que mendiga en la calle, para cenar. Sin embargo, se que no tiene ningún propósito benéfico. Pero esta vez, no lo voy a permitir. Por más que sea lo ultimo que haga en mi vida. Entonces, levanto mi arma, y al apuntar en mi sien, titubeo, mientras escucho su voz, desde adentro de mi cabeza, que me grita que no lo haga, que le de otra posibilidad. Pero no le hago caso.