domingo
9
Los mejores 9 días de mi vida fueron los que pasé en coma, semi-inconsciente, casi muerto, en un hospital porteño. Recuerdo que próximo a cumplir veinticinco años, salía del trabajo agobiado, pensando en la disputa con...y ya no recuerdo mas. Me dijeron que crucé la intersección de la 9 de julio, y casi llegando a la mitad de la calle, un viejo renault 9 me embistió de lleno. No tuvo la culpa el conductor. Lo lamento por él. Dicen que se arrodillo ante mí y maldijo al cielo, mientras se agarraba la cabeza, entre llantos. La ambulancia llegó rápido, casi como en un suspiro. Salí en la tele. Me hubiera gustado ser popular por otras razones, no tuve tanta suerte. Cuando llegue al hospital me practicaron una traqueotomía. Mi cuerpo había perdido mucha sangre, y los médicos se mostraban reticentes y poco esperanzados con mi vida. En mi corta estadía allí fui feliz. No tuve que pensar. No tuve que recordar a Nietzsche, no tuve que acordarme de los escritos de Foucault. No me atormenté pensando si había estado bien en dejar a mi novia, no recordé mis vicios. No pensé en las veces que había actuado mal con mis seres queridos, no me recriminé no haber sido un poco más... Todos estaban allí. Dicen que mis padres, separados de hace años, se volvieron a hablar. Mi abuelo, que ya no caminaba, se levanto de su cama para venir a verme. Tío Alberto, tan desmejorado por su avanzada enfermedad, tuvo una leve mejoría. Mi ex novia, que nunca me perdonó que la haya dejado, sintió que al verme así sí podía hacerlo. Todos mis amigos estaban. Hasta cuentan que vino Ignacio, distanciado del grupo de hace años. Nunca pude volver a ser tan feliz. 9 días duró el espectáculo. Luego, mis padres volvieron a no hablarse nunca más, mi abuelo retornó a postrarse en su cama y a los pocos meses tío Alberto falleció. Ignacio y los demás no volvieron a verse. Y mi ex novia volvió a recordar que la había dejado. Yo mientras tanto, los abandoné a todos.