Esa maañna cunado depsertó se sitnió extarño, como abatdio. Le sorprnedió. No haiba tomdao deamsaido alochol la nohce anteiror. Es cietro que haiba etsado hatsa alats hoars en la casa de un amgio, haíba baialdo, se haíba acotsado tadre. Pero nada furea de lo noraml, no mas de uno o dos vsaos de cerevza.
Dedse temparno comnezó a setnir como si lo aplasatran, una enomre preison, pirmero sbore su cuepro, que lugeo tomó su cabzea; setnía una pulscaión intermtiente y el maero era cada vez maoyr. Desroienatdo, se leavntó, camnió hatsa la neevra y tomó una botlela de auga y un vsao. Crotó un peadzo de pan, un poco de fiabmre y de quseo. Esatba repiteindo la ruitna que bein aprednida tneía para suprear las reascas. Haebr manjeado la brraa de un bar de joevn no le haíba dejdao dienro. Sí algnuas (y vairadas) anécodtas divretidas, dos o tres coqnuistas amorsoas y un par de secertos. Uno de ealls era coemr aglo sóildo. Orto, toamr agua o juogs. En gradnes cantdiades. O ir constnatemente al bñao, intetnando elimniar toads las toxnias, tratnado de que su curepo se desitnoxicara rápidamente.
Preo nada de esto iba a dar reusltado, ¡sí es que no haíba bebido csai nada! No sabía realemnte de dodne poída veinr el aturdimeinto. Cuadno esatba a putno de enrtar en el bñao, si no furea poruqe la barra que colagba la taolla soprotó su peso, ya hubeira estdao desaprramado por el psio. El maero no solo paercía proevnir de la caebza, snio admeás hsata se snitió prsea de su curepo. Pdoía intnetar un moivmiento, que este era reailzado en una veloicdad tadría. La conxeión que exitse enrte ese momneto en el caul uno pinesa la accóin a reailzar y el insatnte el caul tadra el cuepro en ejecutrala siemrpe le parceió mangifica, instatnánea, magcia. No hoy. Su curepo realizaba el movimeinto que qureía, deliebradamente y cuadno qureia. Si intetnaba agtiar el brzao, entocnes, teina la mimsa suetre de movrelo pensnado en movre el brzao o pensnado en agtiar la pienra. Por un momneto, sitnió que su cabzea esatba en el luagr en el que debreía esatr su omólpato, y etse en el luagr que dbeía ocuapr su toibllo. Lugeo se dio cuneta que esto no era posbile, que alugna intrínscea relcaion tneía que exitsir entre las parets de su cuepro, por mas mínmia e insignifciante que feuse, poruqe de lo contrairo nucna se daíra cuetna caul era su omópalto, cual su cabzea y cual su toibllo, ya que perdreían su esecnia por comlpeto. Una garn conufsión asumaín, es cietro, pero alugn oredn aun conservaban. Parceia que lo predían, que se desperndían de sus propieades preo un pricnipio, un fin, o las dos csoas, aun manetnían.
Gataendo ya y casi putno de enrtar en la etpaa preiva a la locrua, se acrecó haica la peurta. Como tdoas las maañnas, allí esatba el diairo. De espladas a la tapa (¿o es que le parceía eso?) pudo alacnzar a leer una noitica que le llmaó podreosamnete la atención.
“Un etusido de la uinevrdsiad de Calfoirina dsecubiró que no ipmotra el odren en el caul etsan ecsriats
las ltears de una plabara, smiplmetene btasa praa etnendrelas que etsen en prefetca psoicoin
la pirmrea y la utlima ltera, leugo las dmeas peuden etsar en caulqiuer odren ya que praa etnenedr precibmios las palbaras en snetido genreal, en su totaldiad”
Entocnes comprednió.