Desperté temprano con el grito en mi oído. -¡Vamos Federer!-decía mi viejo. Entonces encendí la tv. Busqué el canal de los deportes. Ahí estaba, Roger Federer, el ¿más grande tenista de todos los tiempos? batallando contra un ignoto italiano. Volandri era su apellido. Y entonces comprendí a mi viejo. Alentaba al suizo. "¿Como se puede alentar a un millonario suizo?"-pensé. Pero luego recordé que un par de semanas antes cuando ese millonario suizo había sido derrotado por el argentino Guillermo Cañas, mi viejo se había sentido desilusionado.
Y seguí recordando. Mi viejo era así con todos los deportes. El fútbol, el básquet, el tenis, el voley. Siempre a los favoritos, siempre a los mejores, siempre a los ganadores. Claro, pocas veces perdía. El problema era que eso se trasladaba a todos los ámbitos de su vida. Siempre al favorito, siempre jugar a no perder, a arriesgar poco. En la política, ¿para que votar al que va a sacar 3 votos por mas que este de acuerdo con él? Nadie quiere decir que votó al que perdió. Eso da vergüenza, es de tontos. Votemos al favorito. Sintámonos parte del éxito. Que la brisa del exito sople en nuestra cara.
Entonces recordé, que así como ahora sentía simpatía por ese tal Volandri, alguna vez había sentido por cualquier jugador que enfrentara a Federer. O cualquier equipo que enfrentara a Jordan. Siempre al ignoto, siempre al perdedor. Ese había sido yo. Pocas veces acerté, claro.
Creo que como siempre hay personan que ganan, hay otras que sentimos que ganamos de otra manera. Quizás nuestro deportista nunca triunfe, quizá nuestro candidato nunca saque más de algunos votos. Pero nos sentimos felices sabiendo que estuvimos cerca, que quizá la próxima vez, que el esfuerzo valió la pena. Que no nos conformamos con el orden establecido, que alguna vez las cosas van a cambiar, que los perdedores de siempre algún día podrán llegar a lo mas alto...
De repente, Volandri cruzó una pelota y ganó el punto. Y el partido. Yo sentí por dentro algo parecido a la alegría. Mi viejo se fue a laburar de mal humor. El suizo pensó que era un partido más.