Caminé cientos de kilómetros, cruzé montañas, océanos, mares, todo para llegar a verte. Soporté frío en invierno, calor en verano, viento en otoño.
Y cuando llegué, ya no estabas allí. Estabas, pero no te reconocí.
Y así emprendí mi camino de regreso, sabiendo que cada paso había valido la pena.