jueves

Ánima

Estaba hace un par de semanas en un cine porteño, haciendo cola en la boletería con un amigo para poder sacar una entrada. Mientras me terminaba de decidir por la ironía de Will Ferrell en "More stranger than fiction", vi que a mi lado se acercaba una mujer, de baja estatura, de unos sesenta y tantos años (pero que parecía realmente algo más) y de un pelo muy canoso. Enseguida la identifiqué. "María Kodama", pensé, aquella mujer que pasó tantos años al lado del mas grande escritor que haya dado estas tierras, el gran Jorge Luis Borges. Mientras la veía recordaba que esa mujer había estado desde muy joven con él, que lo había soportado y amado hasta su muerte, y que también era actualmente (como siempre lo había sido) odiada principalmente por las editoriales, con las que siempre entraba en litigio al poseer todos los derechos de los escritos del hombre que no ganó el Nóbel. Al pasar al lado mío, al rozarme casi, una idea se me vino a la cabeza, la cual, sin censura previa se la escupí a mi amigo "Rafa, en cuanto pase al lado mío, sin querer con mi mano le toco el saco, a ver si me traspasa un poco de magia del gran Borges" Nos reímos, sabiendo que lo había dicho medio en broma. Medio en broma y medio en serio.
Y mientras se acercaba hacia a mí, recordé que el año pasado Bill Gathes había pagado treinta millones de dólares por unos antiguos códices originales de Da Vinci. Recuerdo que los diarios del momento intentaban analizar la compra del multimillonario, preguntándose, cual sería la intención de Bill al realizar esa compra, si se consideraba un genio actual, un inventor comparable al florentino y pretendía de alguna manera poseer sus escritos para proseguir con su legado, o si simplemente era un fanático del genio renacentista y quería poseer esa reliquia quién sabe con qué motivo.
Entonces, seguí recordando numerosos ejemplos de distinta índole: El pelo que se cortó Britney Spears, subastado en un millón de dólares, el chicle que escupió la blonda cantante, la pelota de fútbol que Beckham envió a la tribuna en un partido de fútbol, etc. ¿Qué se proponen los que compran? ¿Cual es la intención que los mueve a pagar fortunas? Son llamados coleccionistas, son llamados fanáticos. Pero también tras ellos hay una intención mucho más secreta y oculta. Creen que por adquirir el "objeto" que alguna vez sus admirados tuvieron en sus bocas, en sus manos, en sus pies, puedan adquirir también un poco de esa "especie de magia". Esta especie de magia sería sin lugar a dudas, el animismo. El animismo designa el conjunto de creencias en un principio superior que se encuentra en ciertos lugares y objetos. Es decir, creer que lo "no humano" esta dotado de una fuerza similar a la vida humana. Y me parece que hay mucho de cierto en esto. ¿Es posible tener algo del talento de Beckham al usar sus botines? ¿Podremos escribir como Borges si obtenemos su bolígrafo? ¿Y si en vez de su bolígrafo y sus botines obtenemos su chicle y su pelo? ¿Y si tocamos el saco de la persona que amó y compartió su vida? Mientras Kodama pasó a mi lado, yo ni siquiera me gasté en tocarla. Para qué. No iba a tener por tocarla, ninguna chance de escribir como Borges. Y mientras se alejaba, pensé que quizá se me había escapado la gran oportunidad de mi vida.